Puerta de comunicación de la galería procedente del bosque, a la cueva inferior.

Marc de Benito y Juan Negreira en la puerta de comunicación de la galería procedente del bosque, a la cueva inferior.

123– Bella imagen de uno de sus muchos rincones.

Portada del libro de Pere Galiana

Portada del libro de Pere Galiana

Uno de los imaginarios infantiles común a quienes ya peinamos canas, o simplemente abrillantamos calvas, es aquel que nos forjamos recorriendo las diversas galerías de lo que imaginábamos un conjunto de túneles, y que ha resultado ser uno sólo con diversas ramificaciones. No voy por tanto a hablar de lo que “son”, sino de lo que para nosotros fueron aquellas galerías dónde, en imprudente juego juvenil, recorrimos infinidad de veces. No es por tanto un artículo científico, ni siquiera histórico, para ello recomiendo el libro de Don Pere Galiana, gran erudito sobre el tema, y que adjunto la fotografía de su portada.
La de veces que, con velas o linternas -que de todo hubo-, nos introdujimos en las entrañas de la tierra gracias al pozo secreto que hay en medio del bosque. Una vez en el túnel de escapada del Rey Don Jaime, cuando le cercaban las tropas sarracenas (en realidad galería de aireación del polvorín construida en 1941) recorríamos sus largos kilómetros (en realidad 290 metros) hasta llegar a la gran cueva oculta por ser zona militar (dejó de serlo en 1967) donde desde siempre se habían guardado tanques, cañones, cajas “de balas”, ametralladoras y todo cuanto nuestras mentes fueran capaces de imaginar. En realidad desde 1937 se guardaba gasolina (según Galiana unos dos millones), pero lo que sí es verdad es que durante mucho tiempo regresábamos de nuestras excursiones con los bolsillos llenos de “balas”, es decir proyectiles sin cartucho. Todavía recuerdo perfectamente como “los mayores” nos enseñaron a hacernos colgantes con ellas.
Creo que no hay cincuentón o sesentón que viviera en El Terreno en los 60, que alguna vez no visitara este mundo de fantasía y leyenda, dónde la imaginación se desbordaba hasta límites increíbles debido, entre otros motivos, a que nuestros ojos nunca las vieron en plenitud de luz, sino sólo la que abarcaban nuestras precarias linternas. No es difícil que encontréis alguno de aquellos aventureros precoces, que aún aseguren, como casi todos hacíamos en aquellas fechas, que un día conseguimos llegar hasta la mismísima puerta de la Capitanía General.
Hace unos pocos años tuve la suerte de volver a visitarlas, durante unas jornadas de puertas abiertas que concedía el Ayuntamiento de Palma, y que cesaron al producirse unos pequeños derrumbes que, con toda sensatez, aconsejaron tal medida. Si grandes las recordaba, impresionantes, magníficas y bellas las descubrí al volver a ellas en toda su iluminación. Ahora, gracias al libro de Pere Galiana las redescubro por tercera vez al entender y saber que fueron y que son esta obra del hombre.
Valgan estas pocas líneas como reconocimiento a quienes, seguramente con sacrificio y dolor, las excavaron; a quienes las compartieron conmigo en mis múltiples visitas; y a Pere Galiana por ayudarme a entenderlas y conocerlas.
Juanito Negreira

PD: Para quienes deseen ampliar información:
http://arcapatrimoni.blogspot.com.es/2008/12/les-coves-de-bellver-breu-descripci.html

Interior de la cueba "inferior". Se aprecian las marcas de los canteros.

Interior de la cueva “inferior”. Se aprecian las marcas de los canteros.

Anuncios